Diario de un seductor
Diario de un seductor ¿PodrÃa no sentirme tranquilo? Los dioses, sin duda, deben quererme, pues me concedieron la rara felicidad de estar enamorado una vez más. Ni el arte ni la doctrina podrÃan conseguirme ese divino don que es la beatitud. Deseo ver durante cuánto tiempo puede el amor mantenerme entre sus garras. Pues amo este amor con una ternura que ni siquiera experimenté por mi primer cariño. El azar propicio aparece tan rara vez que cuando se presenta o se encuentra, hay que saberlo agarrar con toda la fuerza; el seducir a una muchacha no es un arte, pero sà lo es, ¡y cómo!, saber encontrar a una muchacha que merezca que se la seduzca.
El amor tiene muchos misterios, y misterio, quizá el mayor, es el primer enamoramiento. La mayorÃa de los hombres se lanzan por el camino del amor como enloquecidos, se comprometen o hacen otras locuras similares y de este modo logran echarlo todo a perder en un solo instante, sin ver claro en su mente ni lo que han conquistado ni lo que han perdido.
Por dos veces se me apareció y luego volvió a desaparecer: con seguridad, volverá a aparecérseme más a menudo. Cuando José interpretó el sueño del faraón, agregó que «al repetirse una vez más ese sueño, era evidente que Dios lo elevarÃa muy pronto y sin la menor duda».