Diario de un seductor
Diario de un seductor Todo resulta hermoso y muy apropiado; pero no saben nada más, pues jamás van a casa de la muchacha; es Cordelia la que con frecuencia va a la suya. Juntas aprenden a guisar en las cocinas del rey. Desde allÃ, Cordelia va a casa de ellas, por lo general a primeras horas de la tarde, algunas veces también por la mañana, pero nunca por la noche. Viven muy retiradas.
Y ahà concluye la historia, que no me muestra un camino por el que llegar a casa de Cordelia.
Ella ya conoce algo de los sufrimientos de vivir y no ignora los puntos oscuros de la vida. Pero su recuerdos pertenecen a una era anterior, son como un ciclo bajo el que viviera, sin mirarlo. Y asà debe ser: por eso pudo conservar Ãntegra su femineidad. Por otra parte, tendrá importancia para su posterior educación el poder evocar en el instante oportuno esos recuerdos del pasado.
La hora del dolor puede volvernos altivos, si es que no nos quiebra: en ella, nada se ha quebrado…