Diario de un seductor
Diario de un seductor ¡Johannes!, ¿cómo puede tu verdadero ánimo tener conmigo tan despiadada frialdad? ¿Es que solamente fueron intimo engaño tu amor y tu rico corazón? ¡Vuelve pronto a ser tú mismo! ¡Sé paciente con mi amor, perdóname si no puedo dejar de quererte! Aunque mi amor sea un peso para ti, ¡llegará, sin embargo, el momento en que volverás a tu Cordelia! ¿Acaso oyes esa palabra suplicante, tu Cordelia, tu Cordelia?
Tu Cordelia.
Indudablemente Cordelia también sabía modular su palabra, aunque su voz no poseyese la expresión que obligara a Johann a admirarla. E incluso si no sabía expresarse con claridad y precisión, a pesar de todo no puede negarse que sus cartas revelan una infinidad de estados de ánimo. En especial, se advierte al leer la segunda carta; sí, en ella, Cordelia apenas tiene una vaga idea de lo que anhela, pero es precisamente esa falta de exactitud la que otorga al escrito un tono conmovedor.
