Diario de un seductor
Diario de un seductor Se advierte claramente que bajo las formas habituales late una vida oculta que muy pronto ha de encontrar su expresión exterior. La casa se prepara para un noviazgo. Un observador superficial podrÃa creer que quizás hay algo entre la tÃa y yo. Los hijos que nacieran de este matrimonio serÃan utilizados para la difusión de la ciencia agraria.
Y yo me convertirÃa en tÃo de Cordelia…
Aunque soy partidario de la libertad de pensamiento, esta idea me resulta tan absurda que no tengo el valor de entretenerme con ella.
Cordelia teme una declaración de Eduard y éste acaricia la esperanza de que tal vez con una declaración podrÃa aclararlo todo. Pero yo prefiero ahorrarle las consecuencias desagradables de un paso semejante, previniéndolo.
ConfÃo en poder librarme de él muy pronto pues ahora comienza a oponerme dificultades en el camino. Le veo tan embriagado de sueños y de amor que casi temo que en un momento de sonambulismo comience a contar su amor por toda la ciudad. Pero, al mismo tiempo, no se atreve a acercarse a Cordelia.
Hoy le echó una mirada: igual que un elefante puede levantar a un hombre con la trompa, yo le levanté con la mirada y le tiró de espaldas. Aunque se quedó sentado en su lugar, imagino que sintió el golpe en todo su cuerpo.