Diario de un seductor
Diario de un seductor Se está acercando el momento decisivo. PodrÃa dirigirme ala tÃa, en una carta, para pedirle la mano de Cordelia. Por lo general, se procede de esta manera como si para el corazón fuese más natural escribir que hablar. Con seguridad, también yo elegirÃa este camino más próximo a lo prosaico y vulgar de un noviazgo, si no me arrebatase toda posibilidad de sorprender a Cordelia, motivo por el cual me abstengo gustoso.
Puede que un amigo me dijese:
«Reflexiona el paso que vas a dar; es definitivo para tu existencia y para la felicidad de otra persona».
SÃ, esta serÃa la ventaja en caso de tener amigos, pera no tengo amigos. Ignoro con certeza si es una ventaja pero es sin duda una ventaja muy grande no tener que sufrir el tormento de tales consejos. Por otra parte, puedo decir, en todo el sentido de la palabra, que he reflexionado mucho antes de tomar una determinación.
Por tanto, nada me impide comprometerme. Y ahora voy a dejar de representar el papel de persona insignificante y prosaica, para convertirme en un partido «en un buen partido», como dice la tÃa.
Esa historia sólo me disgusta por ella, por ella que me ama con un amor puro, sincero, económico y que casi me adora como si fuese un ideal.