El concepto de la angustia
El concepto de la angustia ¿Consistirá, pues, la diferencia entre el concepto del pecado original y el concepto del primer pecado en que el individuo sólo tiene parte en aquél por su relación con Adán y no por su relación primitiva con el pecado? En este caso se vuelve a situar a Adán, fantásticamente, fuera de la historia. Entonces el pecado de Adán es algo más que pasado, es un plus quam perfectum. El pecado original es lo presente, es la pecaminosidad, y Adán serÃa el único hombre en que no hubo pecaminosidad puesto que ésta fue introducida por él. En una palabra, que la TeologÃa no ha demostrado asà el menor empeño por esclarecer el pecado de Adán, sino que ha pretendido explicar el pecado original en sus consecuencias. Pero esta explicación es como si no existiera para el pensamiento. Por eso es bien comprensible que un libro simbólico afirme la imposibilidad de la explicación y que al mismo tiempo esa afirmación no esté en contradicción con la explicación dada. Los artÃculos de Esmalcalda enseñan expresamente: peccatum haereditarium tamprofunda et tetra est corruptio naturae, ut nullius hominis ratione intelligipossit, sed ex scripturae patefactione agnoscenda et credenda sit[2] Esta declaración se concilia a la perfección con las explicaciones dadas, pues en éstas no hemos de ver determinaciones teoréticas propiamente tales, sino más bien la expresión del sentimiento religioso —de dirección marcadamente ética— que se desahoga en su indignación a causa del pecado original, asumiendo el papel del que acusa y que en definitiva, con un apasionamiento casi femenino y con la exaltación propia de una muchacha enamorada, sólo se preocupa en hacer más y más repugnante la pecaminosidad y a sà mismo dentro de ella, de suerte que no haya palabras suficientemente duras como para designar el horror de la participación del individuo en la pecaminosidad. Un somero balance de las diversas confesiones nos pondrá de manifiesto una gradación ascendente en este sentido, verificando cómo al final se alza aquà con la victoria la profunda piedad protestante.