El concepto de la angustia
El concepto de la angustia Mientras mantengamos a Adán situado aparte de un modo fantástico, siempre estaremos en una confusión total respecto de este gran problema, y esto cualquiera que sea la forma de plantearlo. Por tanto, la explicación del pecado de Adán será la misma del pecado original y no podrá valer para nada toda otra explicación que pretenda esclarecer el caso de Adán, pero no el pecado original; o, al revés, que pretenda explicar el pecado original, pero no lo que a Adán atañe. La razón de esto es muy honda y constituye nada menos que la esencia de la existencia humana. Esta razón no es otra que la de que el hombre es individuo y en cuanto tal consiste en ser a la par sà mismo y la especie entera, de tal suerte que toda la especie participa en el individuo y el individuo en toda la especie[ii]. Si no se hace hincapié en esto, entonces o caemos en la singularización numérica del pelagianismo, el socinianismo y la escuela filantrópica[6] o nos perdemos en lo fantástico. El prosaÃsmo de la razón consiste en hacer que la especie se disuelva numéricamente en un singular irrevocable. Por contraste, la fantasización consiste en hacer gozar a Adán el bien intencionado honor de ser más que la especie entera, o el dudoso honor de estar situado fuera de la especie. En todo momento, pues, el individuo es sà mismo y la especie. Ésta es la perfección del hombre vista como estado. Aquà tenemos además una contradicción; pero una contradicción es siempre la expresión de un problema; ahora bien, un problema es un movimiento, y un movimiento que va a parar al mismo problema de que partió es un movimiento histórico. Por lo tanto, el individuo tiene historia, y si la tiene el individuo también la tiene la especie. Todos los individuos tienen la misma perfección, y cabalmente por eso jamás podrán quedar separados los individuos unos de otros como meros números, cosa esta tan imposible como la de que el concepto de la especie se convierta en un fantasma. Todo individuo está esencialmente interesado en la historia de todos los demás individuos, sÃ, tan esencialmente como en la suya propia. Por eso la perfección intrÃnsecamente consiste en la plena participación de la totalidad. Ningún individuo puede estar de suyo indiferente a la historia de la raza humana, de la misma manera que tampoco ésta puede estarlo respecto de ningún individuo. De aquà se deduce que mÃentras que la historia de la raza no cesa de progresar, el individuo comienza sin cesar desde el principio, precisamente por ser sà mismo y la especie, y por ello el motor constante de la misma historia dela raza.