Temor y temblor
Temor y temblor ¿Quiere decir esto que debemos de abstenernos de hablar de Abraham? Muy al contrario. Si tuviera yo que hablar de él comenzarÃa por describir el dolor de la prueba. Con tal propósito, chuparÃa como una sanguijuela el dolor, la angustia y el tormento que alberga el sufrimiento paterno; asà podrÃa describir el de Abraham, y añadirÃa a continuación: pese a todo Abraham creyó. RecordarÃa también que el viaje duró tres dÃas y buena parte del cuarto y que esos tres dÃas y medio transcurrieron con mayor lentitud que los milenios que me separan del patriarca. DirÃa luego que, a mi modo de ver, todos nos podemos echar atrás antes de empezar; más aún, que en cualquier momento podemos arrepentimos de nuestro empeño y volver sobre nuestros pasos. Hablando asà no expondré a nadie a ningún peligro, ni temeré haber despertado entre quienes me escuchan deseos de ser probados como Abraham. Lo ridÃculo es lanzar una imagen de Abraham para uso del delfÃn y, a continuación, invitar a los demás a que le imiten. El propósito que me guÃa ahora es el de extraer de la historia de Abraham, en forma de problemata, la dialéctica que encierra, para mostrar la inaudita paradoja de la fe; una paradoja que devuelve el hijo al padre; paradoja de la que no se puede adueñar la razón, pues la fe comienza precisamente allà donde la razón termina.