El Libro de la selva
El Libro de la selva Todo lo que se cuenta aquí ocurrió algún tiempo antes de que Mowgli fuese expulsado de la manada de lobos de Seoni. Fue durante los días en que Baloo le enseñaba la Ley de la Selva. El gran oso pardo estaba feliz de tener a un alumno tan inteligente, pues los lobos solo aprenden aquello que le conviene a la manada y salen a correr tan pronto como el maestro les pide que repitan las reglas de la caza: «Pies que no hacen ruido, ojos que pueden ver en la oscuridad, orejas que pueden oír las ráfagas de viento desde sus guaridas, y afilados y duros dientes, todas estas son las marcas que definen a nuestros hermanos, excepto a Tabaqui, el chacal, y a la hiena, a los que odiamos». Pero Mowgli, al ser un cachorro de hombre, tuvo que aprender muchas más cosas que eso. A veces el gran oso, maestro severo, le daba un suave coscorrón cuando olvidaba algo. Y de vez en cuando Bagheera, la pantera negra, se acercaba para ver cómo su ahijado iba progresando, y ronroneaba con su cabeza apoyada en un tronco mientras Mowgli recitaba la lección del día.
