Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Cuando mira regalo tan preciado,
Y a más, cuando el que ama
Merece ser amado.
En cambio de ese perro me pedÃan,
Y me di; ¿soy yo cosa tan querida?
Mis ansias no podÃan
Negarse a economÃa tan bien sentida.
¿No ibais vos a entregaros a un asunto?…
Pero, no hablemos más sobre este punto,
Y ordenad que no atenten a mi vida,
Que si Lucrecia en caso tal se viera
Lo mismo sucumbiera.
La paz, Don Juan, la paz; dadme la mano.
A más, sabed que no hay poder humano
Que tema yo, teniendo este perrito,
Pues de todo me salva el pobrecito,
Y en fin, sabed que no hace más que el oso
El que quiere guardamos y es celoso,
Pues con su ansia maldita
De enseñarnos el mal, nos precipita».
El togado Don Juan firmó este gaje,
Con tal que no dijesen que fue paje,
Y entrambos a su casa se volvieron
Y felices los dos siempre vivieron.
¿Y el perro? me dirán, ¿y el peregrino?
El peregrino, el perro,
Me importan un comino,