Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Hombre de leyes, hombre de embajada,
Hombre venÃs a ser de mascarada,
Hombre de…? Si mi lengua no concluye
Perdonad, que el pudor en esto arguye.
Vos, Don Juan, vos tan serio,
Que por poco sorprendo en adulterio,
QuerÃais darme la muerte, delirante.
No tomé un moro yo, como galante.
Me excusa el ser AtÃs mi favorito,
Y además, su perrito.
Ahora veréis si a dádivas tan bellas
No sucumbieran todas las doncellas.
Moro, trocaos en perro».
Al punto el moro
En perro se convierte.
«De corrido
Bailad y dad la pata a mi marido;
Bueno, ahora dadnos oro».
Ruedan al punto escudos y doblones.
«¿Y bien, señor marido,
No os placen, señor, estas razones?
Pues si me di, por este perro ha sido.
Él ha hecho este palacio,
Esta sala que veis, toda un topacio;
Y buscad la más grande en poderÃo
Que niegue su albedrÃo
A la amorosa llama,