Fabulas libertinas
Fabulas libertinas JUAN
Señor!…».
Al fin Don Juan, con rostro serio,
Consintió en el misterio.
¡Maldito amor de los humanos dones,
Todo lo hacen por ti los corazones!
Al instante el togado se ve en paje,
Sólo la barba queda al personaje
Y va en pos de la augusta señoría,
Haciéndole saludo o cortesía.
Florinda, en una estancia bien guardada,
No había perdido nada
De la conversación, pues creo inútil,
Innecesario y fútil,
El deciros que el Moro era la hada,
Que ella elevó el palacio e hizo paje
Al ilustre Don Juan.
En un pasaje
De una alcoba a un estrado delicioso,
Al fin Florinda se mostró a su esposo.
«¡Cielos! gritó.
¿Es verdad lo que yo miro?
Acaso, ¿no deliro?
¿Es Don Juan el que viene disfrazado?
¡El virtuoso Don Juan!
No son engaños, Él es.
¿Cómo, Don Juan, a vuestros años,