Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Acostado blandamente
Estaba, en sueño sumido,
Durmiendo tranquilamente,
Cuando un nimio, diligente
Metió en mi puerta ruido.
LlovÃa mucho, la tormenta
Era grande, el tiempo crudo.
«Abrid, que estoy desnudo,
Y es la tempestad violenta».
Yo, bueno y caritativo,
Abrà el humilde encañado
De la choza donde vivo
Al pobre niño arreciado,
Que entró temblando y calado.
«¿Cómo te llamas?» ansioso
Le pregunté, y él me dijo:
«Espera y no seas curioso,
Lo que urge, si bien colijo,
Es secarme, presuroso».
Encendà lumbre. Él miraba
Si el agua no habÃa empañado
Un arco, que me inquietaba.
Mas, me acerqué y con cuidados
Calentándole, pensaba:
«¿Por qué este temor cobarde?
Es blanco como el armiño,
