Fabulas libertinas
Fabulas libertinas El mismo amor, aunque bueno,
Cansa al cabo, y es muy justo;
Quiero pan blanco y moreno,
Que en el cambiar está el gusto.
Ésta, de cutis tostado,
Me hace tilín. Y ¿por qué?
Porque es nueva, ya se ve.
Y aquella, que de contado
Me pertenece, aunque blanca,
Ningún suspiro me arranca;
Dice que sí su ilusión,
Mientras que no, digo adusto.
¿La razón?… No hay más razón
Sino que el cambio es el gusto.
Así pensaba un marido
Que tenía mujer muy bella,
Y en breve quedó aburrido
De lo que sintió por ella,
Pues su pasión acendrada
Se calmó al verse colmada.
Su siervo partía su cama
Con una hembra rozagante,
Y el amo, que era arrogante,
No tardó en montar la dama,
Sin que al criado divirtiera,
Pues los pilló en la carrera,
