Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Y aclamando su derecho
A la que estaba en el lecho,
La dijo… qué sé yo cuanto.
Necio fue gritando tanto
Por cosa tan usual.
¡Líbrenos Dios de mayor mal!
«Señor, dijo luego al amo,
Con acento de sermón,
Ni Dios, ni ley, ni razón,
Os mandan esto, y reclamo
Que cada uno con la suya
Se contente, y que no arguya.
¿Os falta acaso mujer,
Y no la tenéis en casa
Tan bella, que en todo pasa
A la que supe obtener?
No honréis tanto a mi consorte,
Que no ha menester su gozo
De un hombre de vuestro porte.
Y, pues que tenéis un pozo
De deleites infinitos
(Y aquí apelo a los peritos),
En el aína, no vengáis
Por agua al cercado ajeno.
Si, por un hado sereno,
Tuviese a la que gozáis,
A ninguna otra quisiera,