Fabulas libertinas
Fabulas libertinas La sencillota Inés, Inés la tonta!
Todo estaba cambiado en su persona,
Y hasta para encubrir su travesura,
Ideó un embuste la gentil criatura.
Fue a verla al otro día, por la mañana,
Su buena amiga Juana
Que corría más que un galgo,
Y vio en breve que Inés pensaba en algo.
Hizo tanto, que dio con el buen modo,
Y obligó a Inés a confesarlo todo:
Cómo el monje ejerció su ministerio,
El tamaño del genio del buen fraile,
Las diversas figuras de su baile,
En fin, todo el misterio.
«Y a ti, preguntó Inés, dime, mi Juana,
Quién ingenio te dio.
—Sabe, querida,
Que fue tu hermano Pedro una mañana.
—¿Pedro dices, mi hermano?
Sorprendida,
No llegó a comprender de do eso viene.
¿Cómo ingenio te dio pues no le tiene?
Tonta, no sabes nada;
Para llevar a cabo esa jornada
No es preciso tener tanto talento;
Pregunta, si no crees lo que te cuento,
A tu madre, en el juego consumada,