Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Y pensó trasladarse al otro día
Al hogar de la dama de la historia,
Y si era la señora que creía,
Castigar de tal modo su falsía
Que quedase memoria.
No estaba en este caso el abogado
Muy bien aconsejado.
Mejor era callar y ver el medio
De poner, a su tiempo, buen remedio.
En tanto que se es neófito sólo
Al pacífico estado de comudo,
Muy santo no aguardar como Bartolo
A serlo, y libertarse, aunque lo dudo.
Pero una vez que se zampó la torta,
Algo más, algo menos, ¿qué le importa?
El doctor razonó de otra manera,
Y no fue su conducta muy certera.
A la hora convenida,
Se marcha a la mansión de la aventura,
Creyendo que en la entrada, por sí oscura,
Con la cara escondida,
Podría llegar al sitio afortunado
En vez del estudiante deseado.
Por desgracia, la vieja,
Que era tan prevenida como gorda,
En su mano maneja
Una linterna sorda.