Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Reconoce al doctor, y con sonrisa
De agradable tornera de convento:
«Esperad un momento,
Ahora prevengo a la señora Elisa,
Que no puedo sin esto presentaros;
Y no debo ocultaros,
Que para ver a mi graciosa dama,
Debéis dejar de lado vuestro escudo,
Debéis estar desnudo,
Pues que ella está en la cama».
Y esto diciendo, empuja al abogado
En un cuarto muy lindo y alhajado;
Había sobre una silla,
De un hombre los calzones y la almilla,
De una mujer la bata,
Y en ella, un rosco hecha,
Serena y satisfecha,
Una bonita gata.
De esencias había más de una redoma,
Las mejores de Roma;
Entrar en más detalles necio fuera;
Todo estaba tan limpio y tan perfecto
Cual si venir debiera
El cardenal prefecto.
Se desnuda el doctor, llega la dueña,
Expone de su dama los antojos,
Y le venda los ojos