Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Para que del local no tome seña.
Lo conduce, con recias sacudidas
Por un pasaje estrecho,
Y al cabo de cien idas y venidas,
En tan raro pertrecho
Lo abandona en un patio bullicioso,
Por demás enfadoso,
Pues era el de la escuela de derecho.
¡La escuela de derecho!…
Habéis oído
Muy bien, y claramente comprendido.
Sorprendido, confuso, avergonzado,
Nuestro pobre abogado
Creyó perder el juicio y el sentido.
De tan pesada broma,
Quedó en breve enterada toda Roma.
Para colmo de males y chacota,
La turba estudiantil que diligente
En el patio esperaba a su regente,
Al verlo se alborota,
Es general la risa.
«¿Se ha vuelto loco?…
¿Cómo está en camisa?
¿Acaso fue por lana el abogado
Y vuelve trasquilado?…».
No paró aquí la fiesta.
Su mujer se quejo con amargura