Jettatore
Jettatore PEPITO.— ¡Oh!, ¡es que a mí me cuestan caro! ¡Si usted viera! ¿Se acuerda usted de aquella yegüita alazana que tenía yo en mi stud, Alaska?… ¿una de patas blancas, hace tres años?
CARLOS.— Sí, cómo no…
PEPITO.— Era un animal sobresaliente. Llevaba ganadas seis carreras en dos meses, y tenía grandes probabilidades de ganar el premio Nacional. Un día, poco antes de salir a la pista y mientras estaba dando instrucciones al jockey, se me acerca en el «paddok» un «jettatore» muy conocido y palmeándola me dice: «¡Qué linda está! ¡Por supuesto que va a una fija!». ¡Tuve tentaciones de ahogarlo, amigo! ¡Un momento después corre la yegua y a los quinientos metros, rueda! ¡Hágame usted el favor!
CARLOS.— ¡Natural, natural!
ELVIRA.— ¡Qué espanto! ¡Me da usted miedo! ¿Nada más que por haberla tocado?
PEPITO.— Así… apenas con la palma de la mano. ¡Si con cualquier cosa les basta!
CARLOS.— (Aparte). ¡Este es un tipo impagable, un gran elemento! (Alto). ¡Cuéntemelo usted a mí, Pepito!…