Jettatore
Jettatore LEONOR.— (Desde la puerta). ¿Viene usted, doctor?
ENRIQUE.— Voy, señorita, voy. (Vanse).
DON LUCAS.— (Solo). ¿Qué quiere decir esto? ¡Ja, ja, ja! ¡Telepático e hipnotizador yo!, pero, no, hombre, no… ¡no puede ser! (Se rÃe). Lo que siento es el mal rato que le he dado a este infeliz muchacho. Pero… Ahà está, ¿ve? Ahora ya no le tengo rabia; ¡me da lástima! Pero… no, hombre, no, ¡no es posible! ¡Estos disparates!
Don Lucas, Carlos, Leonor.
CARLOS.— Una palabra, don Lucas.
DON LUCAS.— ¡Carlos!
CARLOS.— Le debo una explicación, y a dársela vengo.
DON LUCAS.— ¿Por qué? ¿Por lo de anoche? ¡Vaya, hombre! No se preocupe por esas zonceras. Ya ve… yo ni siquiera me acordaba…
CARLOS.— No importa. He sido un grosero con usted y no me lo perdono. Pero ¡qué quiere! Estaba ofuscado…
DON LUCAS.— ¡Pues no hablemos más del asunto!
CARLOS.— Entonces, ¿no me guarda usted rencor?
DON LUCAS.— ¡Pero no, Carlos, absolutamente, no faltaba más!
CARLOS.— Tiene usted un noble corazón. Déme la mano. (Se la da. Carlos retira la suya bruscamente).