Jettatore
Jettatore LUCÍA.— Y en la Ópera, ¿no ha estado?
DON RUFO.— ¿En la Ópera?… (Al contestar a Lucía se encuentra con la mirada de don Lucas). No, no he estado. (Aparte). ¿Por qué me estará mirando de ese modo este mamarracho?
LEONOR.— Pues debía ir a la Ópera. ¡Allí sí que son buenas las coristas!
DON RUFO.— (Aparte). ¡No hay más que me está provocando! (Alto). Es que no me dejan. (Risas).
DOÑA CAMILA.— ¿Qué está usted diciendo, don Rufo?
DON RUFO.— ¿Qué he dicho? Que no voy a la Ópera porque no tengo tiempo, y de ahí… (Aparte). ¡Si me sigue mirando de esa manera le rompo el alma!
LEONOR.— Y usted, don Lucas, ¿no va nunca al teatro?
DON LUCAS.— Hace tiempo, Leonor. Voy poco, muy poco. (Aparte). Qué lástima, se cortó la corriente… ¡Se conoce que es gran sujeto!
DOÑA CAMILA.— ¡Qué raro! ¡Siendo tan amigo de la música como es usted!
DON LUCAS.— Es que el invierno pasado tuve un ataque de reumatismo que no me dejaba salir de noche… y este año…
DON RUFO.— ¡Vaya! ¡Después de tanto lujo salimos con baile en el patio! Y si es enfermo, amigo, ¿a qué se las quiere tirar de pollo y de fuerte?