Jettatore
Jettatore DOÑA CAMILA.— Si no exagero, Juan. Y eso sin contar con una infinidad de detalles que no parecen nada, pero que contribuyen a tenerla a una en continuo sobresalto. En esta semana son tres los cuadros que se han desprendido de las paredes sin saber por qué. Ayer amaneció rota la luna del espejo de mi tocador y cuatro cuerdas del piano se han cortado en el intervalo de dos dÃas. ¿Qué significa todo esto, Juan? ¿Qué significa? ¿Por qué antes no pasaban estas cosas y ahora pasan? ¡Eso es lo que yo quisiera saber!
DON JUAN.— (Se levanta). Pero, Camila, ¿es posible que hables de ese modo? ¡Una mujer razonable y sensata como siempre has sido, preocupada de semejantes ridiculeces! Que si se caen los cuadros o se cortan las cuerdas del piano… Pero… ¿adónde vamos a parar? ¿Qué quieres decir con eso?
DOÑA CAMILA.— (Se levanta). Hace una semana que concedimos a don Lucas (Cuernos) la mano de LucÃa y desde entonces…
DON JUAN.— ¿Qué? ¿Vas a salirme también con la pretendida «jettatura» de don Lucas? ¿Será posible? Pero no, Camila, ¡por favor! No digas más, no quiero perder en un momento la buena opinión que de ti tengo…
DOÑA CAMILA.— Lo único que yo digo, Juan… (Saca del bolsillo un fierrito).
DON JUAN.— Pero ¿qué tienes en la mano?