Jettatore
Jettatore LEONOR.— (Se sienta). Vamos, señora, ánimo. No hay que dejarse abatir. El buen tiempo volverá. Tenga confianza.
DOĂ‘A CAMILA.— No lleva miras, sin embargo. Con ese hombre funesto han entrado en esta casa los sinsabores y las lágrimas, que antes no se conocĂan. Ya no hay tranquilidad para nadie… ¡Todo el mundo contrariado por su causa! ¡Cuántos trastornos, cuántas agitaciones por su culpa!
LEONOR.— Asà es señora. Y ¿de don Rufo no se tiene noticias?
DOÑA CAMILA.— ¡Esa es otra! Después de las palabras que tuvo con Juan… por no sé qué indecencias de don Lucas, que de puro comedido vino a contarle creyendo hacer un bien, no hemos vuelto a saber nada de don Rufo.
LUCĂŤA.— Hace cinco dĂas que no se le ve por acá. ¡Pobre don Rufo, tan bueno como es!
LEONOR.— Pero ¡qué tipo tan odioso ha concluido por hacerse el tal don Lucas!… Ahora, cuando entré estaba de plantón en la esquina el infeliz de Pepito. ¡Mire a lo que ha quedado reducido!
LUCĂŤA.— Se lo lleva el dĂa entero rondando por aquĂ. ¡Pobre Pepito, vĂctima inocente de don Lucas!
DOÑA CAMILA.— ¿Y Carlos? ¿Dónde me lo dejas a Carlos, obligado a venir a escondidas a una casa que ha sido siempre como suya?