Tao Te King
Tao Te King Quien posee esa Vida no tiene egoísmo, nada hay que desee para sí. No tiene corazón propio, sino que hace suyos los corazones de la gente, es decir, no solo trata a la gente como quisiera que le trataran a él, sino que la trata tal como quiere ser tratada. Su Vida es tan poderosa que todo antagonismo terrenal se desvanece ante él. Es bueno con los buenos, e igualmente bueno con los que no lo son, porque la Vida es la bondad. Para él, no hay hombres perdidos. Los buenos le importan porque pueden enseñarle, y los malos, porque necesitan instrucción, de manera que todos le interesan, y sabe relacionarse con cada uno en el nivel adecuado. La Vida, aunque se manifiesta individualmente, no está limitada en el individuo. Lo que vive dentro de mí, también vive en los demás. Así es posible que, a partir de mi persona, familia, región, país y estado, pueda yo contemplar la persona, familia, etc., de otro, y llegar a comprenderlo. La concepción que induce a juzgar a los demás tomando como base la propia persona, es también una importante noción básica del confucionismo. Pero Lao-Tsé ahonda todavía más. Mientras que Confucio opina que a la vida se responde con vida y al rencor se contesta con un comportamiento correcto, Lao-Tsé declara: «Contesta con Vida al odio». Y expone sus razones: tras un gran rencor, aunque se haya visto compensado, siempre quedará un excedente de rencor. El peso de la culpa se transfiere simplemente de los hombros del ofensor a los del ofendido. El Sabio, que conoce la Vida, cargará con toda la responsabilidad, liberando al otro de todo peso. Esto, naturalmente, requiere energía, solo aquel que esté conectado con la Vida puede llevar sobre sus hombros toda la responsabilidad sin pedir nada a cambio. Quien no tiene la Vida insiste en las apariencias, y en todos los casos le imputa la responsabilidad al adversario.