Tao Te King
Tao Te King Gracias al hecho de no competir la Vida cobra constantemente nuevas energías, puesto que no derrocha fuerza alguna en luchas contra cosas molestas y ajenas.
El No-actuar forma parte del No-competir. La Vida crece, pero no hace nada. El hacer, el ejercicio consciente de influenciar, el esfuerzo voluntario, o como quieran llamarse las aspiraciones que pertenecen al mundo de las apariencias y de la consciencia superficial, todo sirve únicamente para descargar brevemente los estados de tensión. Quien persigue y alcanza a diario diez finalidades se agota en los ajetreos cotidianos y no tiene profundidad. Las energías cósmicas de las que dispone todo ser humano, se consumen en las fluctuaciones desprovistas de importancia de los antagonismos limitados, arrastrándonos en la rueda de los acontecimientos que llevan del nacimiento al fortalecimiento y de allí a la muerte, pasando por la rigidez. Agitarse, petrificarse, apegarse a la trivialidad, tal es el destino de los hacedores. La Vida, en cambio, no hace nada, y nada se queda sin hacer. Al relajarse y dejar que el Tao entre en ella y fluya por ella, evoluciona sin límites y penetra en las misteriosas profundidades cósmicas.