Wen-tzu
Wen-tzu Antiguamente no se honraba a los que carecían de virtud, no se confiaban cargos oficiales a los que carecían de capacidad, no se recompensaba a los que carecían de mérito y no se castigaba a los que no habían hecho nada malo. Cuando se promovía a la gente, se hacía con cortesía; cuando se la despedía, se hacía con justicia. En la era de las personas cortas de mira, cuando se promovía a la gente era como si se la elevase a los cielos, y cuando se despedía a la gente era como si se la sumergiese en el abismo. Cuando hablamos de antaño, lo hacemos para criticar el presente.
Quienes pesan caballos dejan de lado a los flacos, quienes escogen hombres dejan de lado a los pobres. Cuando la despensa está llena de carnes ricas, nadie se preocupa de los huesos y del cartílago.
Las personas superiores miran en el interior de cada realidad y no creen las palabras calumniosas.
Cuando los gobernantes han errado, los ministros que no les amonestan no son leales, mientras que los gobernantes que no escuchan cuando son amonestados no están iluminados. Los dirigentes que no se preocupan cuando el pueblo está abatido no son inteligentes. Así, mantener el autocontrol hasta la muerte, incluso en las dificultades, es tarea de los servidores de la sociedad; vestir a los que tienen frío y alimentar a los que tienen hambre constituye la benevolencia de los buenos padres.