Wen-tzu
Wen-tzu Gobernantes y gobernados están reñidos y no mantienen relaciones amistosas cuando se extraña a los familiares y estos no permanecen juntos. En los campos no hay brotes erguidos, en las calles no hay paseantes. Se extrae las arenas auríferas, se coge las piedras preciosas, se captura las tortugas por sus conchas y se les saca las entrañas. Se practica la adivinación cada día; el mundo entero está desunido. Los gobernantes locales establecen leyes que difieren entre sí, y cultivan costumbres antagónicas. Sacan la raíz y abandonan la base, elaborando códigos penales para endurecerlos y hacerlos rigurosos, luchando con armas, exterminando al pueblo llano, asesinando a su mayor parte. Levantan ejércitos y causan problemas, atacando las ciudades y matando al azar, derribando lo elevado y poniendo en peligro lo seguro. Fabrican grandes vehículos de asalto y fortalezas reforzadas para repeler tropas de combate, y hacen que sus batallones vayan a misiones mortales. Contra un formidable enemigo, de cien que van, sólo uno regresa; quienes llegan a hacerse una reputación para sí mismos tal vez consigan parte del territorio anexionado, pero eso cuesta cien mil muertos en combate, además de innumerables adultos y niños que mueren de hambre y frío. Después de esto, el mundo nunca puede estar en paz en su vida esencial.