Figaro
Figaro —¿Quiere usted que le diga yo lo que nos darán en cualquier fonda a donde vayamos? Mire usted: nos darán en primer lugar mantel y servilletas puercos, vasos puercos, platos puercos y mozos puercos; sacarán las cucharas del bolsillo, donde están con las puntas de los cigarros; nos darán luego una sopa que llaman de hierbas, y que no podrÃa acertar a tener nombre más alusivo; estofado de vaca a la italiana, que es cosa nueva; ternera mechada, que es cosa de todos los dÃas; vino de la fuente; aceitunas magulladas; frito de sesos y manos de carnero, hechos aquéllos y éstas a fuerza de pan; una polla que se dejaron otros ayer, y unos postres que nos dejaremos nosotros para mañana.
—Y también nos llevarán poco dinero, que aquà se come barato.
—Pero mucha paciencia, amigo mÃo, que aquà se aguanta mucho.
No hubo sin embargo remedio: mi amigo no daba cuartel, y estaba visto que tenÃa capricho de comer mal un dÃa. Fue preciso, pues, acompañarle, e Ãbamos a entrar en los Dos Amigos, cuando llamó nuestra atención un gran letrero nuevo que en la misma calle de Alcalá y sobre las ruinas del antiguo figón de Perona, dice: Fonda del Comercio.
—¿Fonda nueva? Vamos a ver.