Figaro
Figaro —¿Se ha olvidado el pastel?
—No, aquà lo traigo.
—¿Tabaco?
—No, aquà está.
—¿El gorro?
—En este bolsillo.
—¿El pasaporte?
—En este otro.
Su exclamación al entrar no carece de fundamento; faltan sólo minutos, y no se divisa disposición alguna de viaje. La calma de los mayorales y zagales contrasta singularmente con la prisa y la impaciencia que se nota en las menores acciones de los viajeros; pero es de advertir que éstos, al ponerse en camino, alteran el orden de su vida para hacer una cosa extraordinaria; y mayoral y el zagal por el contrario hacen lo de todos los dÃas.
Por fin, se adelanta la diligencia, se aplica la escalera a sus costados, y la vaca recibe en su seno los paquetes: en menos de un minuto está dispuesta la carga, y salen los caballos lentamente a colocarse en su puesto. Es de ver la impasibilidad del conductor a las repetidas solicitudes de los viajeros.
—A ver, esa maleta; que vaya donde se pueda sacar.
—Que no se moje ese baúl.
—Encima ese saco de noche.