Figaro
Figaro —Cuidado con la sombrerera.
—Ese paquete que es cosa delicada.
Todo lo oye, lo toma, lo encajona, a nadie responde; es un tirano en sus dominios.
—La hoja, señores, ¿tienen ustedes todos sus pasaportes? ¿Están todos? Al coche, al coche.
El patio de las diligencias es a un cementerio lo que el sueño a la muerte, no hay más diferencia que la ausencia y el sueño pueden no ser para siempre; no les comprende el terrible voi ch’intrate lasciate ogni speranza, de Dante.
Se suceden los últimos abrazos, se renuevan los últimos apretones de manos; los hombres tienen vergüenza de llorar y se reprimen, y las mujeres lloran sin vergüenza.
—Vamos, señores —repite el conductor—: y todo el mundo se coloca.