Figaro
Figaro En fin, cuento un hecho. Tal me ha pasado; no escribo para los que dudan de mi veracidad El que no quiera creerme puede doblar la hoja. Esto se ahorrará tal vez de fastidio; pero una sola voz salió de mi criado, y entre ella y la mÃa se estableció el siguiente diálogo:
—Lástima —dijo la voz, repitiendo mi piadosa exclamación—. ¿Y por qué me has de tener lástima, escritor? Yo a ti, ya lo entiendo.
—¿Tú a m� —pregunté sobrecogido ya por un terror supersticioso; y es que la voz empezaba a decir la verdad.