Figaro
Figaro —Pues mÃralos; ahora se desnudan, y el gran sacerdote, y Edipo, y Jocasta, y el pueblo tebano entero, se van a cenar sin más acompañamiento, y dejándose a su patria entre bastidores, algún carnero verde, o si quieres, un excelente beefteck hecho en casa de Genyeis. ¿Quieres oÃr a SemÃramis?
—¿Estás loco, Asmodeo? ¿A SemÃramis?
—SÃ; mÃrala; es una excelente conocedora de la música de Rossini. ¿OÃste qué bien cantó aquel adagio? Pues es la viuda de Nino, ya expira; a imitación del cisne, canta y muere.
Al llegar aquà estábamos ya en el baile de máscaras; sentà un golpe ligero en una de mis mejillas.
—¡Asmodeo! —grité.
Profunda obscuridad; silencio de nuevo en torno mÃo.