Figaro
Figaro —Asmodeo —quise gritar de nuevo—: despiértame empero el esfuerzo. Llena aún mi fantasÃa de mi nocturno viaje, abro los ojos, y todos los trajes apiñados, todos los paÃses me rodean en breve espacio: un chino, un marinero, un abate, un indio, un ruso, un griego, un romano, un escocés… ¡Cielos! ¿Qué es esto? ¿Ha sonado ya la trompeta final? ¿Se han congregado ya los hombres de todas las épocas y de todas las zonas de la tierra a la voz del Omnipotente en el valle de Josafat?… Poco a poco vuelvo en mÃ, y asustando a un turco y a una monja entre quienes estoy, exclamo con toda la filosofÃa de un hombre que no ha cenado, e imitando las expresiones de Asmodeo, que aún suenan en mis oÃdos:
—El mundo todo es máscaras: todo el año es Carnaval.