Figaro
Figaro —Vengo de casa la marquesita del Peñol, hasta ahora ha durado el baile; Francisco se ha ido a casa con los seis dominós que he llevado esta noche para mudarme.
—¿Seis no más?
—No más.
—No se me hacen muchos.
—TenÃa que engañar a seis personas.
—¿Engañar? Mal hecho.
—Querido tÃo, usted es muy antiguo.
—Gracias, sobrino, adelante.
—TÃo mÃo, tengo que pedirle a usted un gran favor.
—¿Seré yo la séptima persona?
—Querido tÃo, ya me he quitado la máscara.
—Di el favor —y eché mano de la llave de mi gaveta.
—En el dÃa no hay rentas que basten para nada; tanto baile, tanto… en una palabra, tengo un compromiso. ¿Se acuerda usted de la repetición de Breguet, que me vio usted dÃas pasados?
—SÃ, que te habÃa costado 250 pesos.
—No era mÃa.
—¡Ah!
—El marqués de *** acaba de llegar de ParÃs, querÃa mandarla a limpiar, y no conociendo a ningún relojero en Madrid, le prometà enviársela al mÃo.