Figaro
Figaro Pasó adelante el joven haciéndome una cortesÃa bastante zurda, como de hombre que necesita y estudia en la fisonomÃa del que le ha de favorecer sus gustos e inclinaciones, o su humor del momento para conformarse prudentemente con él; y dando tormento a los tirantes y rudos músculos de su fisonomÃa para adoptar una especie de careta que desplegase a mi vista sentimientos mezclados de efecto y de deferencia, me dijo con voz forzadamente sumisa y cariñosa:
—¿Es usted el redactor llamado FÃgaro?…
—¿Qué tiene usted que mandarme?
—Vengo a pedirle un favor… ¡Cómo me gustan sus artÃculos de usted!
—Es claro… Si usted me necesita…
—Un favor de que depende mi vida acaso… ¡Soy un apasionado, un amigo de usted!
—Por supuesto… siendo el favor de tanto interés para usted…
—Yo soy un joven…
—Lo presumo.
—Que quiero ser cómico, y dedicarme al teatro…
—¿Al teatro?
—SÃ, señor… como el teatro está cerrado ahora…
—Es la mejor ocasión.