Figaro
Figaro He aquà el periódico de FÃgaro. Ya está concebida la idea. Sin embargo, no es eso todo. Es preciso pedir licencia; pero para pedir licencia es preciso poder presentar fianzas. Si las tuviera no serÃa yo el que me pusiera a escribir tonterÃas para divertir a otros, o tener empleo con sueldo… Pero si tuviera empleo, y jefe, y a hora fijas, y onces, y expedientes, y la cesantÃa al ojo, no tendrÃa yo humor de escribir periódicos… o ser catedrático… pero si fuera catedrático, sabrÃa algo, y entonces no servÃa para periodista…
Está decidido que no sirvo para pedir licencia. Otro al canto; un testaférreo; un sueldo al testaférreo; seguridades contra seguridades, fianza, depósito, licencia, en fin. He aquà ya a FÃgaro con licencia: no esa licencia tan temida, esa licencia-fantasma, esa licencia que nos ha de volver al despotismo, esa licencia que está detrás de todo, acechando siempre el instante, y el ministro, y el… No, sino licencia de imprimirse a sà mismo.
Ya no falta más que imprenta. Corro a una…
—Aquà es imposible: no hay letra.
Corro a otra.
—AquÃ, le diré a usted francamente, no hay prensa.
A otra.
—Aquà no queremos periódico, hay que trabajar de noche. Dios ha hecho la noche para dormir.