El diario de Tita
El diario de Tita Pedro y yo nos hemos visto mil veces antes. Crecimos juntos. Pero esta vez fue diferente. Cuando ayudé al padre Ignacio con el peltre de las ofrendas, pasé por su fila. Su padre le entregó una moneda para que la pusiera en el cesto y, al hacerlo, sus dedos rozaron los mÃos. Una corriente me recorrió el cuerpo entero.
Nunca habÃa sentido algo asÃ. Algo me dice que Pedro está destinado a ser el hombre de mi vida.
Hoy Pedro y su papá vinieron a casa. Su padre habló con Mamá Elena. Yo no podÃa escucharlos bien desde la cocina, pero sabÃa de qué se trataba. Pedro vino a pedirme en matrimonio.
Mi corazón latÃa con tanta fuerza que pensé que explotarÃa. Nacha me tomó de las manos y me dijo que todo iba a estar bien. Pero no lo estuvo.
Mamá Elena le dijo que no.
—Tita no puede casarse —dijo, con la voz más dura que le he escuchado—. Es la tradición. Como hija menor, debe cuidarme hasta el dÃa en que muera.
Sentà cómo el mundo se derrumbaba bajo mis pies. Pedro no dijo nada al principio. Pero entonces, mi madre habló de nuevo.
—Sin embargo, si de verdad desea formar parte de esta familia, puede casarse con Rosaura.
Me quedé helada. Pero lo peor fue cuando Pedro aceptó.
