El arco iris
El arco iris Así, el propio Brangwen tenía un cómico frunce en los ojos, una especie de risotada, pero muy silenciosa e intensa, y era un hombre consentido como un señor de la creación. Hacía tranquilamente lo que quería su mujer, se reía de sus quejas, se disculpaba en un tono burlón que a ella le encantaba, seguía sus inclinaciones naturales y, a veces, si ella lo hería en lo más vivo, la atemorizaba y la desarmaba con una furia profunda y tensa que parecía instalarse en él y apoderarse de su ánimo por espacio de varios días, y ella entonces era capaz de dar cualquier cosa por aplacarlo. Eran dos seres muy distintos, vitalmente conectados, que nada sabían el uno del otro y que vivían cada cual a su manera, pero compartiendo una misma raíz.