El arco iris
El arco iris –No seas ridÃculo –exclamó Anna, acalorándose.
–No –insistió su padre–, ¿qué paga es ésa?
–Ya lo sabes, es el primer domingo del mes.
Anna estaba desconcertada. ¿Por qué le hacÃa eso, por qué la ponÃa en evidencia delante de aquel desconocido?
–Quiero mi paga –repitió, haciéndose valer.
–Qué cosas tiene esta chica –dijo Brangwen con indiferencia, mirando a Anna antes de volverse a su sobrino.
Anna dio un paso al frente y metió la mano en el bolsillo de los pantalones de su padre. Brangwen siguió fumando, sin inmutarse, sin ofrecer resistencia, hablando con su sobrino. Anna rebuscó en el bolsillo y sacó un monedero de cuero. TenÃa las mejillas encendidas, los ojos chispeantes. Brangwen parpadeó. William parecÃa avergonzado. Anna se sentó, con sus mejores galas, y vació el monedero en su regazo. HabÃa monedas de oro y de plata. El joven no pudo evitar observarla. Estaba inclinada sobre el montón de monedas, separándolas con los dedos.