El arco iris
El arco iris Anna miró de nuevo al desconocido. Tuvo la sensación de que su primo quería que se fijara en él. Merodeaba alrededor de su conciencia, preparado para entrar. Anna no quería mirarlo, le inspiraba hostilidad.
Esperó sin decir nada. Will cogió su sombrero y se acercó a Anna. Era verano. Fred estaba cogiendo un ramillete de curry en flor de una mata que crecía en la esquina de la casa, para adornar su chaqueta. Anna no se fijó. Su primo la seguía, inmediatamente detrás.
Llegaron a la carretera. Anna tenía una sensación extraña, se sentía insegura. De pronto vio la flor de curry en el ojal de su hermano.
–¡Ay, nuestro Fred! –exclamó–. No vayas con eso a la iglesia.
Fred miró con aire protector la flor rosa que adornaba su pecho.
–A mí me gusta –dijo.
–Pues seguro que eres el único –replicó Anna. Y se volvió a su primo–. ¿A ti te gusta ese olor? –preguntó.
William iba a su lado, alto y tosco, aunque seguro de sí. Su actitud alteraba a Anna.
–No puedo decir si me gusta o no –respondió William.
–Trae aquí, Fred, no puedes entrar en la iglesia con ese olor –le dijo al niño, que era su paje.