El arco iris
El arco iris Por espacio de algunas semanas, William visitó la granja con cierta frecuencia, y todos lo recibÃan con alegrÃa. Se sentaba con ellos, con una expresión enigmática y resplandeciente, entusiasmado y con un toque de desdén en la boca grande, ligeramente burlona y torcida, los ojos siempre brillantes como los de un pájaro, desprovistos de profundidad. Era inalcanzable, pensaba Brangwen con fastidio. Era como un gato socarrón que se acercaba cuando se le antojaba, sin que la otra persona se diera cuenta.
Al principio, William siempre miraba primero a Brangwen cuando hablaba, y después a su tÃa, buscando su aprobación, que apreciaba más que la de su tÃo; y después a Anna, porque en ella encontraba lo que querÃa, algo que no tenÃan los mayores.