El arco iris
El arco iris –¿Te gusta? –preguntó él, con aquella voz poderosa y vibrante que siempre parecÃa extraña, que resonaba en los rincones oscuros de Anna.
Anna y William rara vez se tocaban. Les gustaba estar solos, cerca el uno del otro, pero aun asà seguÃa habiendo entre ellos cierta distancia.
En el fresco recinto de la lecherÃa, la luz de una vela iluminaba las superficies blancas de los cántaros rebosantes de nata. William volvió la cabeza bruscamente. ¡Qué espacio tan fresco y remoto, tan remoto! Sus labios dibujaron una sonrisa pequeña y tensa. Anna estaba a su lado, con la cabeza inclinada, mirando a otra parte. William querÃa acercarse a ella. La habÃa besado una vez. Volvió a posar la mirada en los bloques de mantequilla redondos, donde el ave emblemática levantaba su pecho entre las sombras de la llama de la vela. ¿Por qué no se atrevÃa? El pecho de Anna estaba cerca de William, que tenÃa la cabeza levantada como un águila. Anna no se movió. De repente, con un movimiento increÃblemente rápido y delicado, William abrazó a Anna y la acercó a su cuerpo. Fue una acción rápida y limpia, como un pájaro que se abate en picado, cada vez más cerca.