El arco iris
El arco iris Desde la ventana anuncian a voces que el coche del novio acaba de pasar.
–¿Dónde está tu sombrero, papá, y tus guantes? –grita la novia, pisoteando con su zapatilla blanca, con los ojos centelleantes bajo el velo.
Brangwen busca el sombrero con la mirada, está despeinado. Todos se han ido, menos la novia y su padre. Brangwen está listo, arredrado y con la cara muy colorada. Tilly espera en el porche, nerviosa, para abrir la puerta. Una dama de honor se acerca a Anna, que pregunta:
–¿Estoy bien?
Está dispuesta. Se domina y parece una reina. Con un gesto de la mano, le ordena bruscamente a su padre:
–¡Ven aquÃ!
Brangwen obedece. Anna posa una mano en el brazo de su padre y, sosteniendo su ramo como un aspersor, dando un paso con mucha gracia, solo un poco impaciente con su padre, porque está tan colorado, pasa despacio por delante de la atolondrada Tilly y baja por el sendero. Desde la verja gritan a voz en cuello, y Anna, flotando, en su espumosa blancura, sube despacio al carruaje.