El arco iris
El arco iris –Recuerda, hija –dijo Lydia–, que las cosas no están esperando que tú alargues la mano para tomarlas o dejarlas. No esperes eso. Lo que cuenta entre dos personas es el amor, y el amor no eres tú ni es él. Es una tercera cosa que tenéis que crear entre los dos. No esperes que las cosas sean exactamente como tú quieres.
–Ja… No lo espero. Aunque lo hiciera, no tardarÃa en darme cuenta de mi error. Te aseguro que cada vez que alargo la mano para coger algo, me la muerden.
–En ese caso ten cuidado de dónde pones la mano –dijo Brangwen.
Anna se indignó al ver que sus padres se tomaban la tragedia de su vida conyugal con tanta ecuanimidad.
–Tú quieres a ese chico –dijo su padre, arrugando la frente con desesperación–. Eso es lo único que cuenta.
–SÃ, lo quiero, pero no se lo merece –gritó Anna–. Quiero decirle… Llevo dÃas esperando para decirle… –empezó a temblarle la cara, y no aguantó las lágrimas. Sus padres la miraban sin decir nada. Anna no terminó la frase.
–¿Decirle qué? –preguntó Brangwen.