El arco iris
El arco iris Los jóvenes volvieron a casa mientras una luna fina y clara se instalaba en el atardecer primaveral. Los penachos de los árboles se erguían en el aire, la iglesia se levantaba en lo alto del monte y una sombra azul oscura velaba la tierra.
Anna posó levemente la mano en el brazo de Will, como si estuviera muy lejos. Y, desde muy lejos, Will sintió el roce de su mujer. Caminaban, de la mano, por horizontes opuestos, rozándose en el atardecer. Los zorzales cantaban en el crepúsculo azul oscuro.
–Creo que vamos a tener un hijo, Will –dijo Anna, desde muy lejos.
Él se estremeció, y sus dedos se cerraron sobre los de Anna.
–¿Crees? –preguntó, con el corazón palpitante–. ¿No lo sabes?
–Sí, lo sé.