El arco iris
El arco iris –Y ¿mi padre…? –Hablaba de él como si no fuera más que un nombre extraño: nunca conseguÃa establecer un vÃnculo con él–. ¿Era moreno?
–TenÃa el pelo castaño oscuro, los ojos oscuros y la tez clara. Se quedó calvo, bastante calvo, cuando era muy joven –contestó su madre, como si contara un cuento, una antigua leyenda.
–¿Era atractivo?
–SÃ… Era muy atractivo… Pequeño. Nunca he visto ningún inglés que se le pareciera.
–¿Por qué?
–Era… –Lydia Brangwen hizo un movimiento rápido con las manos–. TenÃa una figura muy viva, cambiante… Nunca estaba quieto. Era muy inestable… Como un arroyo.
De repente, Will lo vio todo claro: Anna también era como un arroyo. Y al instante volvió a enamorarse de ella.
Tom Brangwen estaba asustado. Se llenaba de temor, de temor a lo desconocido, cuando oÃa a su mujer y a su hija hablar de sus difuntos como si se tratara de extraños a los que habÃan conocido solamente de paso y de los que pronto se habÃan despedido.
El silencio y la individualidad se posaron en todos los corazones. Eran seres separados con destinos separados. ¿Por qué sus manos reclamaban violentamente al otro?