El arco iris
El arco iris Entretanto, la joven baronesa, con un resplandor sutil en los ojos redondos y lustrosos de color avellana, jugaba con Will Brangwen. Él no tenÃa la agilidad suficiente para detectar todos los movimientos de la mujer. No obstante, la miraba fijamente, con ojos inmutables, iluminados. Era un ser extraño para Will. Pero no ejercÃa ningún poder sobre él. La baronesa se sonrojó y se sintió ofendida. Aun asÃ, no paraba de mirar el rostro vivo y enigmático de Will, con curiosidad, como si lo despreciara. Despreciaba su naturaleza acrÃtica y exenta de ironÃa, no encontraba nada interesante en él. Al mismo tiempo, estaba enfadada, como si estuviera celosa. Will la observaba con el mismo interés y respeto con que contemplarÃa a un armiño juguetón. Pero sin dejarse envolver. Él pertenecÃa a una especie diferente. La baronesa era brillo tenue, llamaradas cortantes, mientras que él era un fuego rojo que ardÃa sin titubear. La baronesa no conseguÃa sacarle nada. Y asÃ, adoptó un aire de superioridad de clase, mordaz y sutil, que hizo que Will se ruborizara levemente. Se ruborizó, pero no se opuso. Era demasiado distinto.