El arco iris
El arco iris El niño de los Skrebensky llegó con la niñera. Era un niño nervioso y delgado, muy perspicaz, que desplazaba tranquilamente su interés de una cosa a otra. Desde el primer momento trató a Will Brangwen como a un intruso. Se quedó unos instantes al lado de Anna, la reconoció y desapareció, rápido, observador, sin poder estarse quieto, interesándose fugazmente por todo.
Su padre lo adoraba, y le hablaba en polaco. Era rara la actitud envarada y aristocrática del padre con el niño, su relación distante: la paternidad clásica del uno, la subordinación filial del otro. Padre e hijo jugaban, cada cual en su sitio, muy alejados, como dos seres aparte, de distinto rango, por así decir, más que distintos en su relación. Y la baronesa no paraba de sonreír, siempre sonreía, enseñando los dientes saltones, ejerciendo siempre una atracción y un encanto misteriosos.