El arco iris
El arco iris Anna cayó en la cuenta de lo distinta que podÃa haber sido su suerte, lo diferente que era su propio ser. Algo bulló en su alma, se convirtió en otra persona. Su intimidad con su marido se agotó, la curiosa envoltura de la intimidad de Will, tan cálida, tan cercana, tan asfixiante, la sensación de estar siempre ligada a la otra persona, como un lazo de sangre, se anuló por completo. Se rebeló contra la relación tan estrecha que la unÃa a su marido. Él y ella no eran uno. No estaba dispuesta a consentir que Will la envolviera continuamente en su calor, que envolviera su ánimo y su individualidad hasta fundirla en el calor de él, hasta perder su propio yo independiente. QuerÃa vivir su propia vida. TenÃa la sensación de que Will la bañaba como una ola, envolviéndola con su personalidad, con su ardor vital, a tal punto que ya no sabÃa si era quien era o era un ser distinto, unida a él en un mundo de estrecha intimidad sanguÃnea que la aislaba y excluÃa del frescor del exterior.
Anna querÃa su antiguo yo, intenso, independiente, independiente, activo pero no ensimismado, activo a su manera, querÃa dar y recibir, no vivir ensimismada. Will, sin embargo, querÃa este extraño ensimismamiento con Anna, al que ella se resistÃa. Aun asÃ, en cierto modo, Anna se sentÃa indefensa frente a Will. Antes de casarse con él habÃa vivido demasiados años arropada por el amor de Tom Brangwen.